La cuarta temporada de Black Mirror se estrenó el 29 de diciembre de 2017 en Netflix, plataforma que adquirió sus derechos en 2015 y ya produjo la tercera temporada. Lo que tanto sorprendió al público de la serie de Charlie Brooker cuando apareció fue lo cercanas que se sentían las distopías tecnológicas que nos presentaban, combinado con un debate moral de fondo y normalmente con unos giros de guion que nos dejaban perplejos. En esta nueva temporada, sin embargo, estos principios no se cumplen en todos los casos.

Black Museum es seguramente el capítulo que más se acerca a la fórmula original: con una estructura dividida en pequeñas historias, nos presentan varias tecnologías relacionadas con la neurociencia que conllevan situaciones moralmente discutibles, y lo aderezan todo con un giro final interesante.

Arkangel y Hang the DJ también se acercan a la fórmula, pero con deficiencias. El primero introduce un sistema de control parental en la mente de una niña que nos lleva al debate entre libertad y seguridad, pero su guion es muy predecible. Hang the DJ crea un mundo en el que el sistema escoge nuestras parejas y el tiempo que debemos pasar con ellas con el objetivo de encontrar nuestra pareja ideal, y su final sorprende, pero ese mismo final debilita el debate construido a lo largo del metraje.

Sin embargo, los otros tres capítulos de la temporada se alejan de la esencia de Black Mirror. USS Callister intenta presentar un debate sobre la humanidad de personas electrónicas, pero se queda en una mediocre parodia de Star TrekCrocodile simplemente nos cuenta las consecuencias de ocultar un crimen accidental y es el capítulo más flojo de la temporada. Finalmente, Metalhead recuerda muchísimo a Alien y se acerca a White Bear, de la segunda temporada, pero su falta de contexto y explicaciones nos deja con un buen thriller, pero un mal capítulo de Black Mirror.

Aún con todo, la temporada es notable. Su problema es ser Black Mirror: las expectativas del público, dada la excelencia de sus primeras temporadas, juegan en su contra. Vale la pena verla, ya que aporta algunas cosas nuevas, pero no alcanza el nivel de sus predecesoras.

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