Con la nueva Switch, Nintendo se desvincula de la carrera por la potencia gráfica para explotar, una vez más, la jugabilidad

Marc Vilajosana (@MarcVilajosana)

En 1986, Nintendo arrasó en el mercado de los videojuegos con su primera consola, la NES (Nintendo Entertainment System). Su gran innovación fue la cruceta direccional, que se impuso a los joysticks heredados de las máquinas recreativas. En 1990 surgió la Game Boy. Hasta entonces, la mayoría de consolas portátiles solo tenían un juego. La Game Boy, con controles similares a los de la NES y un gran catálogo de juegos, revolucionó el mercado. En 2005, la Nintendo DS introdujo la pantalla táctil, y en 2006, la Wii presentó el control por movimiento.

La historia de Nintendo se puede resumir con una sola palabra: innovación. Desde sus inicios, la compañía nipona ha tenido que competir con otras empresas para dominar el mercado de videojuegos: al principio, con Sega y su Mega Drive; más adelante, con Sony y Microsoft. La “vía Nintendo” siempre ha sido la diferenciación en el campo de la jugabilidad. Todas las consolas de Nintendo, en mayor o menor medida, han aportar algo nuevo a la jugabilidad de sus consolas, y la Nintendo Switch prevé ser el alfa y el omega de la innovación nintendesca.

Switch se presentó como la heredera de la gran N, una consola híbrida que era, a la vez, portátil y de sobremesa. El destino final de las dos grandes ramas de consolas de Nintendo, la unión entre la Wii U y la Nintendo 3DS. En su presentación oficial Nintendo explotó sus dos grandes bazas: la innovación y los juegos exclusivos. Un esperadísimo Zelda, Splatoon 2 y Mario por partida doble, además de nuevas IPs como Arms o 1, 2, Switch son algunos de los juegos exclusivos de Nintendo que podrán disfrutar los usuarios durante el primer año de vida de la consola.

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A nivel gráfico, Nintendo se ha desmarcado claramente de Sony y Microsoft. La Nintendo Switch tendrá una potencia similar a las principales consolas actuales, Play Station 4 y Xbox One, pero ambas salieron al mercado en 2013, hace 4 años. Esta no es la lucha de Nintendo: sus consolas no disponen de la potencia de la competencia. Ante este hándicap, no queda otra que explotar sus puntos fuertes, jugar su propia liga. Y aquí es donde entra la jugabilidad.

La idea de una consola híbrida se empezó a gestar en la Wii U, con su GamePad, el cual podía usarse como sustitutivo de la televisión, pero tenía muchas limitaciones y no estaba pensado como una portátil. Con Switch, Nintendo ha terminado de dar ese gran paso que se quedó a medias en Wii U. La duda de muchos reside, precisamente, en esta dualidad. ¿Puede quedarse corta como consola de sobremesa, al tener que ser también portátil? Y, al mismo tiempo, ¿vale la pena pagar tanto por una portátil?

El precio de la consola es otro de los factores que ha generado controversia. 299 dólares en EEUU, 330 € en Europa. Como portátil, muy cara para algunos (ni la 3DS ni la PS Vita sobrepasan los 200 €); como consola de sobremesa, muy poco potente. Estas dos limitaciones pueden provocar que la Switch no sea el éxito en ventas que la compañía japonesa tanto necesita. La única opción que le queda a Nintendo es exprimir al máximo su catálogo de juegos y hacer de la Switch una experiencia realmente única, tal y como consiguió la Wii.

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